Desde el servicio de deporte incorporamos a menudo la música a nuestras actividades. Entendemos que es un recurso motivador para las personas usuarias, puesto que añadiendo este componente lúdico promovemos la actividad física. Además, introduciendo la música en las sesiones de deportes hacemos que, de forma natural, aparezca el ritmo.
Si unimos estos tres conceptos, ritmo, música y movimiento, obtenemos como resultado un desarrollo de las habilidades motoras y cognitivas, a la vez que trabajamos la parte más social y emocional. Este resultado es fruto del trabajo que realiza el cerebro al tener que trabajar, por un lado, la percepción musical y rítmica y, por otro, el movimiento físico –relacionado, la mayoría de las veces, con la misma percepción musical-.
La música aporta un componente lúdico y motivador que a menudo no se puede conseguir por otros medios. Si además son las personas usuarias las que eligen los temas, el nivel de motivación se incrementa. Con esto se logra un mejor control de la actividad y una reducción de la percepción del esfuerzo, incidiendo en una mejora del estado de ánimo y de la adherencia al ejercicio.






