Hoy 27 de noviembre, se celebra el Día Mundial del Maestro. Desde el claustro de maestros de nuestra escuela queremos explicarnos cómo acompañamos a nuestros alumnos en su proceso de desarrollo y de aprendizaje.
Cuando pensamos en la figura del MAESTRO, evocamos nuestra propia historia y recordamos a algún maestro que nos ayudó a crecer ya aprender con paciencia, empatía y respeto.
Un buen maestro deja huella en el alumno y también en su familia porque los acoge y acompaña en el proceso de desarrollo y crecimiento de sus hijos.
En nuestra escuela concebimos al alumno de una manera global y vivimos el día a día con él como un reto ilusionante que nos motiva a ser flexibles, creativas ya reinventarnos para adaptarnos a las necesidades de aprendizaje, emocionales y de salud que todos ellos presentan.
A lo largo de los años, hemos aprendido muchos idiomas: el propio lenguaje que cada niño tiene. Muchos de nuestros alumnos tienen graves dificultades comunicativas, por eso les escuchamos de manera activa, percibiendo e interpretando con una mirada sus sentimientos, sus emociones. , sus dificultades, sus angustias y también sus avances y sus victorias.
Uno de nuestros secretos es la paciencia y el positivismo. Queremos ver el vaso medio lleno, y así descubrir el potencial de cada niño de la escuela. Les transmitimos que con esfuerzo y paciencia podremos entre todos conseguir pequeños o grandes progresos que les ayudarán a crecer y les harán felices.
Para nosotros, la educación es un proceso integral que parte de la realidad del alumno y se fundamenta en los siguientes pilares:
- Enseñar a ser: desarrollar el propio yo a partir de las necesidades tempranas, a través de la experimentación, el descubrimiento del propio cuerpo y la relación con el otro a partir de los vínculos emocionales y afectivos.
- Enseñar a sentir: ayudarles a ser capaces de identificar y reconocer sus estados emocionales y sus emociones. Que puedan regularlas y expresarlas de manera adecuada.
- Enseñar a conocer: ayudar a nuestros alumnos a descubrir y comprender el mundo que nos rodea.
- Enseñar a hacer: acompañarlos en los aprendizajes instrumentales y el descubrimiento del entorno favoreciendo experiencias vivenciales, la exploración, la manipulación y la creación.
- Enseñar a convivir: llegar a desarrollar la competencia social, basándonos en el respeto, la armonía, la solidaridad y la empatía.
Las maestras de nuestra escuela, al igual que los maestros de todo el mundo, tenemos el objetivo de desarrollar en nuestros alumnos competencias cognitivas y aprendizajes funcionales que les hagan ser lo más autónomos posible. En nuestro caso en concreto nos encontramos con niños y niñas, y chicos y chicas con unas necesidades especiales que hace que nuestra forma de enseñar debe ser, si cabe, más innovadora, flexible y respetuosa con el alumno y con las sus circunstancias.
Las rutinas diarias, los aprendizajes vivenciales, las actividades motivadoras y las metodologías variadas son las herramientas básicas que tenemos para conseguir los objetivos que nos hemos marcado por cada uno de nuestros alumnos, y cada aprendizaje alcanzado, cada reto conquistado y en definitiva cada gran o pequeño avance es un triunfo de ellos que nos enorgullece y nos hace feliz a nosotros.
Los aprendizajes que nacen en la escuela continúan en cada una de las casas de nuestros niños y jóvenes, por eso es tan importante formar equipo con las familias, respetándoles y transmitiéndoles empatía así como dándoles soluciones y apoyo cuando lo requieren.
Nosotros, las maestras de Aspace hemos hecho de nuestra vocación nuestro trabajo y de nuestro trabajo nuestra vocación, amamos a nuestros alumnos y amamos lo que hacemos.







